Resístase al tentador encanto de lo agradable

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Empiece cada mañana por el sapo menos atractivo…

Lunes por la mañana. Llego en hora a la oficina. Después de departir con mi colega (6′), abro el correo donde me esperan 62 mails por gestionar. Tardo 18 minutos en depurarlos, eliminando spam y comunicaciones internas que poco me interesan. Otros son publicidad, algunos de los cuales sí me detengo a revisar (7´). De los correos restantes, respondo primero al del compañero de Finanzas que tanto se irrita si no le respondo al instante (9′). Al entrar en internet, para buscar un dato necesario en la respuesta, aprovecho para aclarar la duda que me surgió anoche mientras veía esa interesante película iraní (11′).  

A las 09:51 h considero que ya es hora de atacar mi lista de tareas pendientes. Porque otra cosa no, pero planificado sí que me considero: siempre dispongo de una lista de cosas por hacer.

Veamos… Tengo ese proyecto tan importante por empezar… no, muy complicado para esta hora de lunes. Mejor lo dejo para otro día que tenga más tiempo. Debería decirle a mi jefe que fracasamos en la propuesta presentada a Bigfish SA… no, mejor cuando me lo pregunte. ¿Y si llamo a mi suegra para pedirle que no venga esta semana a instalarse a mi casa? Humm… Seguramente ya estará en camino… pero espero que sea esta la última vez. Mejor hago las llamadas pendientes a clientes. ¿El primero de la lista? A este cliente debo decirle que no podemos aceptar su solicitud… mejor darle la noticia más adelante. O él ya se imaginará nuestra respuesta. El segundo de la lista siempre parece estar ocupado cuando le llamo… El siguiente: Fontanillas. ¡Este sí! Compra poco, pero siempre parece estar encantado de que lo llame. ¡Allá voy! No hay como ser un hombre de acción…

¿Se reconoce usted en procesos de decisión como los del vendedor del párrafo anterior?

La trampa de lo agradable

Así se puede calificar esta tendencia, tan entendible como poco productiva, de dar preferencia a las actividades que a priori nos parecen agradables en detrimento de aquellas que asociamos con situaciones o personas menos atractivas.

Tendemos a hacer en primer lugar:

  • Lo lúdico, en detrimento de lo que asociamos con actividades no tan disfrutables.
  • Lo fácil, en detrimento de lo que intuimos difícil
  • Lo que nos da rápidos resultados, postergando aquel proyecto que demanda planificación y esfuerzos a largo plazo
  • Lo que nos parece interesante, aplazando lo que nos resulta aburrido o monótono
  • Lo que nos relaciona con gente con la cual nos llevamos bien, demorando lo que asociamos con personas menos simpáticas o afines
  • Lo que creemos que hacemos bien, posponiendo aquellas actividades o funciones en las que nos sentimos inseguros o inhábiles
  • etc…

¿Por qué obramos así?

Es una forma, si se quiere natural, de obrar, por la que de manera inconsciente, tendemos a hacer primero lo agradable. El problema es que lo agradable no siempre es lo más productivo, en términos tanto profesionales como personales.

5 reglas para evitar la trampa de lo agradable

La mayoría de nosotros ya lo hemos oído, otra cosa es que siempre lo hagamos: hay que definir las prioridades de forma racional.

Si lo hacemos de forma inconsciente, decidirá el ser lúdico y auto protector que hay dentro nuestro.

El buen criterio para elegir entre actividades alternativas será empezar con aquella tarea con más relación e influencia en nuestros objetivos profesionales o personales. O para invertir más tiempo en ella.        

1. Lo primero por la mañana: el sapo

 

Si sabe que tiene que tragarse un sapo, hágalo a primera hora de la mañana. Si fueran dos los sapos, empiece siempre por el más grande. Mark Twain

Esta frase de Mark Twain, que inspiró al autor Brian Tracy el título de su libro “Tráguese ese sapo” con estrategias sobre eficacia profesional, describe una primera recomendación básica: comience su jornada, o la fase de acción que fuere, por la tarea más difícil, más ingrata o más desagradable.

2. Márquese objetivos diarios de crecimiento

curso Gestión del TiempoNo permita que esas tareas rutinarias, fáciles y de rápido resultado le impidan llevar a cabo lo realmente importante. Por ejemplo, su desarrollo como profesional o persona.

Asígnese cada día una meta de aprendizaje. O haga algo que le amplíe sus posibilidades profesionales.

Por ejemplo, si soy un vendedor, cada día o semana debería contar con una meta de prospección y contacto con nuevos clientes, que me amplíe la base de clientes.

3. Resérvese un tiempo para lo importante

(una “banda-sapo” en su día)

Asegúrese de asignar un cierto porcentaje de su tiempo, idealmente el más productivo de su día, a esas tareas que, aunque no sean las más fáciles o interesantes, guardan una alta relación con sus objetivos profesionales o personales.

Para seguir con el ejemplo de un vendedor: ¿qué porcentaje de mi tiempo debo estar en contacto directo con mis clientes?

4. Defienda ese tiempo A (de alta productividad)

¿Defenderlo de qué? Por ejemplo de estas maravillas tecnológicas, pródigas en tentaciones, como Internet, el correo electrónico o las redes sociales. Extraordinarios inventos que nos proporcionan inagotables posibilidades para, entre otras cosas… dilapidar nuestro tiempo.   

5. Haga cada día algo que le dé miedo

La frase anterior, atribuida a Eleanor Roosevelt, es una última buena recomendación para evitar el riesgo de mantenerse demasiado tiempo en territorio confortable.  

¿Qué otras ideas o métodos practica para defenderse de lo agradable? ¿O para desayunarse con sapos?

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{ 1 comentario... deje el suyo }

1 Susa mayo 25, 2013 a las 03:53

Esto me pareció muy bueno,
Lo pondré en practica,
Gracias

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