Recientemente, al finalizar un programa de formación en el que mis compañeros y yo habíamos invertido mucho tiempo y esfuerzo, los participantes realizaron la habitual evaluación de la formación recibida – evaluación de Reacción, nivel 1 de Kirkpatrick.

evaluar la formación recibida

¿Evaluación personal al final del curso u online a posteriori?

Los resultados de dicha evaluación me han hecho preguntarme sobre cuál de los dos siguientes métodos es el mejor para que los participantes de una formación presencial la evalúen:

  1. De forma personal, al final del propio curso, entre despedidas y prisas por irse a casa.  
  2. De forma online, después del curso, en la tranquilidad de su puesto de trabajo.  

Debe considerarse que buscamos que la evaluación provenga de una muestra que sea representativa, tanto en cantidad de participantes, como en satisfacción con el curso recibido. Y que además sea objetiva y constructiva.

Analicemos los pros y contras de ambos métodos.

Evaluación online, a posteriori del curso

curso formacion de formadoresHabitualmente en el cliente al que me refiero, una organización de carácter público, eran sus servicios centrales quienes gestionaban las evaluaciones online en la semana siguiente del curso.

Su argumento para no solicitarlas a la finalización del curso eran:

  • Prisas y poco tiempo. El participante suele tener prisas y llena de mala manera el impreso que el formador le pone delante en los últimos 5 minutos del curso. Es la misma excusa que se pone para no hacer en el mismo aula un plan de acción
  • Falta de libertad. La presencia del formador en sala puede condicionar la libre opinión del participante; quien, en el caso de que quisiera criticar el curso, puede sentirse coartado al hacerlo.
  • Falta de reflexión. El participante no tiene suficientemente asentado el aprendizaje. A la vuelta a su puesto de trabajo estará en mejores condiciones para emitir una opinión más objetiva de la verdadera utilidad de la formación recibida, e incluso de su rápida transferencia al puesto de trabajo.

Los 3 argumentos anteriores parecían razonables para aconsejar la segunda alternativa online. Y así lo hacíamos en anteriores formaciones, esperando la evaluación que los participantes enviaban unos días después.  

¿Cuál era el problema? Que sólo entre un 20 % y un 30 % de los participantes enviaban sus evaluaciones. A pesar de que desde el departamento de formación se pedía, perseguía y suplicaba a los participantes el envío de las evaluaciones de la formación.

Evaluación online + presencial

En esta ocasión que relato, una formación presencial de 150 participantes, considerando el bajo éxito del sistema anterior, optamos de común acuerdo con nuestro cliente por combinar ambos métodos: el formador pasó y recogió en el acto el tradicional impreso de evaluación al final del taller y el Departamento de Formación solicitó que se enviara la evaluación en las semanas siguientes al curso.

¿Hubo diferencias significativas entre las dos evaluaciones?

Sí. Dos grandes diferencias: en el número y en la ponderación de la evaluación.

  • Primera y evidente diferencia: recogimos casi la totalidad de las evaluaciones, el 94%, frente al 24% online. Hubo unos pocos participantes que se ausentaron antes del final o directamente no la entregaron al formador.
  • Segunda: los resultados fueron algo mejores en la evaluación presencial recogida por el formador.

Es decir, en la evaluación online, los participantes que evaluaron, una muestra de sólo el 24%, fueron más críticos con el curso, el formador, la logística, los contenidos, la metodología y la aplicabilidad a su puesto de trabajo.     

Este mayor nivel crítico de la evaluación online ¿confirmaría la teoría de que la presencia del formador condiciona al evaluador? No estoy seguro. Más bien creo que el factor decisivo en la diferencia es otro.

Y tiene relación con aquella Regla 3/11, bien conocida por los departamentos de Servicio al Cliente que, por ejemplo, llena los portales de reserva de hoteles en internet con muchos más comentarios críticos que elogiosos.

Cada cliente satisfecho se lo dirá a otros 3, cada cliente insatisfecho se lo dirá a otros 11.

De ser entonces trasladable este comportamiento a la evaluación de la formación, los participantes insatisfechos serían mucho más proclives a tomarse el trabajo de llenar la evaluación online posterior que los satisfechos. Es decir que, si las evaluaciones tienen el carácter de voluntarias,  la muestra de evaluaciones corre el riesgo de ser:

  • Más reducida, e
  • Integrada sobre todo por los menos satisfechos, el primer segmento de la campana de evaluaciones 

Conclusión: ¿qué método es el mejor?

1. El que me asegure un mayor número de respuestas, porque aporta una muestra realmente representativa de la opinión del colectivo.

2. Y que, además, refleje objetivamente la opinión real del colectivo.

¿Qué puede hacer el formador y/o el Departamento de Formación para conseguir estos dos objetivos?
¿Qué tipo de evaluaciones da el mejor resultado en su organización? Estaré encantado de escuchar su experiencia al respecto.