En el mismo momento en que el formador menciona su intención de realizar un role playing durante la formación, hay participantes que tuercen el gesto, dirigen miradas de pánico hacia las vías de salida del aula o se declaran objetores de conciencia del método, afirmando enfáticamente “yo en esto no voy a participar”.

Reacciones similares se suelen escuchar de responsables de formación o de mandos directos de equipos de trabajo en la etapa de planificación de la formación, cuando se propone la realización de role playing: “no, ese método aquí no funciona” o “aquí tenemos muy malas experiencias con los role playing”. 

¿Por qué el role playing, un potente recurso para conseguir diferentes metas del proceso de aprendizaje y desarrollo profesional, es en ocasiones rechazado por organizadores y participantes de la formación?

Veamos aquí algunas causas de tal animadversión.

Resistencias, miedos y excusas anti-role playing

Los siguientes son 8 típicos argumentos que se suelen escuchar contra el método del role playing. Algunos de ellos son muy racionales, basados en experiencias decepcionantes; otros, simples excusas para no realizar algo en lo que perciben más riesgos que beneficios.  

1. Es una experiencia frustrante

Si, quizás el participante lo pasó mal en el pasado realizando role playing: se sintió ridículo o maltratado y lo recuerda como una experiencia que no quiere repetir.

Por ejemplo, cuando se realizan role playing en entornos incómodos o cuando asisten personas -¿el jefe directo?- que condicionan la actuación y el clima de la formación.

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2. Es una situación irreal

Puede haber participado en role playing percibidos como situaciones artificiales con poca o nula relación con sus escenarios reales de trabajo. 

Por ejemplo, si quien hace de cliente en un role playing de ventas, pone objeciones poco usuales o imposibles de gestionar por el comercial.

3. No es útil

A veces se realizan role playing como un fin en sí mismo y no como un medio de formación. La clave no es el role playing, sino su explotación en términos de los objetivos de aprendizaje y los desafíos profesionales del colectivo.  

Por ejemplo, cuando se realizan role playing con fines exclusivamente lúdicos -similares a algunas de esas jornadas de outdoor training, quizás muy divertidas, que al no ser debidamente explotadas por un formador profesional, poco o nada cambian las competencias, las actitudes o la sistemática de trabajo de los participantes. 

4. No me gusta equivocarme en público

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Aunque no se suele manifestar abiertamente, es la objeción verdadera que está detrás de la excusa esgrimida.

Efectivamente, a casi nadie le gusta fallar en público. Especialmente si ese público lo integran personas representativas para el participante, como su jefe o sus colegas de equipo.

Por ejemplo, si se percibió la actuación y su posterior análisis, no como una actividad neutral realizada en beneficio del objetivo formativo, sino como un enjuiciamiento personal del participante, es lógica su resistencia a repetir la experiencia.

5. Se usó para evaluarme

Puede existir el temor de que el role playing tenga repercusiones que vayan más allá de la propia formación.

Por ejemplo, la presencia de mandos en el aula puede, con fundamento o sin él, verse como una vía para una indeseada e inoportuna evaluación de las competencias del participante.

6. Que lo hagan los jefes o quien lo hace bien

Suele ser una excusa, basada en la confusión, consciente o no, del role playing con el visionado de un comportamiento idóneo o modélico a imitar; que no suele ser uno de los objetivos del role playing en una formación.

7. Yo no valgo como actor

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Otra típica excusa para no participar, basada en que el role playing efectivamente plantea una situación tensa que debe ser adecuadamente gestionada por el formador.

El origen del “juego de roles” o role playing se relaciona con las investigaciones de Jacob Levy Moreno, nacido en un barco anclado en Bucarest, de familia judeo-española por entonces residente en Turquía, educado en Viena, fundador del psicodrama y uno de los pioneros de la psicoterapia.

8. Consume demasiado tiempo

Efectivamente, una sesión de role playing demanda un tiempo determinado para presentarlo al grupo, sentar sus reglas de funcionamiento, prepararlo, dirigirlo y – la parte más importante- explotarlo en términos de los objetivos de aprendizaje buscados. 

Por ejemplo, realizar 3 role playing grabados en video de 10 minutos, pueden demandar dos horas para la actividad: 
– introducción y preparación (20´)
– grabación (30´= 10×3)
– visionado (30´)
– explotación (40´)

Conclusión

El role playing, en sus diferentes variantes, es un excelente método para conseguir variados objetivos formativos, pero que:

  • tiene sus riesgos;
  • no siempre se ha utilizado de forma eficaz;
  • requiere una planificación, realización y explotación estructurada y profesional.

En un próximo post analizaré cómo realizar role plays de formación que no generen estos miedos y resistencias habituales y se constituyan en potente método de aprendizaje y cambio. 

¿Qué otras resistencias o dificultades encuentras al método del role playing?